Cuando te enamoras de alguien, lo único que nuestro cerebro
es capaz de fabricar son buenos momentos con esa persona. Buscamos satisfacer
nuestro deseo de verla sonreír, ese suspiro en cada abrazo que nos reconforte. E imaginamos momentos en los que nuestro afán de conquista triunfe por encima de
cualquier obstáculo.
Todos y cada uno de sus gestos y detalles quedarán grabados
a fuego en nuestra retina. De forma que pasarán una y otra vez por nuestra
mente haciéndonos sentir aquello que sentimos la primera vez que los vivimos.
Estaremos llenos de recuerdos que nos harán esbozar una sonrisa en mitad de
cualquier parte, sacando a la luz una locura de la que nos será imposible
escapar. Porque el amor nos hace inevitablemente locos. Y cuando se ama
locamente… no existen las barreras. Cualquier obstáculo supondrá un reto.
No importa en absoluto de qué se trate. Todo da igual. Tu única convicción es
sacar ese amor adelante contra todo pronóstico. Luchas como un guerrero por
alcanzar la victoria. Como un atleta que entrena cada día durante horas para
asegurarse de llegar a la meta saltando todas las vallas. Omites cualquier
negativa. Ajena o propia. Ignoras ciegamente cualquier discurso destructivo.
Incluso… cuando el amor no llega a cuajar entre las dos personas. Sólo sabes
que tú lo estás sintiendo. Como ser racional comprendes que eso existe y que
tienes el deber de darle forma y vida para que tenga sentido. Y aunque no lo
tuviera… tenemos el privilegio de poder expresar todos los
sentimientos positivos que llevamos dentro.
Cada uno de nosotros forjaremos el amor a nuestro antojo.
Yo
entiendo que el amor es como una oportunidad de ser feliz. Y siempre he dicho
que las oportunidades están donde tú estés. Así que si queremos a alguien hemos
de asumir el compromiso de estar siempre. Da igual como lo simbolices, pero esa
persona debe saber a ciencia cierta que cuenta contigo. Que pase lo que pase,
en cualquiera de sus circunstancias o de las tuyas… seguirás amándola como no
lo va a hacer nadie más.
A veces puede pasar desapercibido. O
incluso ser ignorado convenientemente. Pero… cuando realmente lo sientes…
cuando el corazón te empuja el pecho al ver a esa persona, o tu mundo se para
cuando la miras a los ojos… Cuando estás ahí no puedes evitar sentir el impulso
irrefrenable de lanzarte al vacío de seguir queriéndola.
Hay que trabajar cada día para
mantenerse ahí. Si la tienes al lado bésala hasta que recuerdes que debes coger
aire. Abrázala mientras lo coges y después sigue besándola. Y si estás en proceso,
sigue… Todo lo que hagamos por alguien a quien queremos estará bien hecho hasta
que, o bien salgamos victoriosos, o bien lleguemos a nuestro límite.
De todos modos, el amor, en
cualquiera de sus formas y etapas, hay que cuidarlo…