11 de diciembre de 2013

.. Despacito pero sin pausa ..

Hay momentos en la vida en los que la mayoría de tus reflexiones se basan en lo que quieres conseguir. Notas las cosas que te faltan o las que necesitas en el presente para que no te falten otras en el futuro. Y piensas en cómo hacer las cosas, cómo tratar a las personas que te rodean y en cómo hacerte a ti mismo. Hablo de buscar trabajo, qué estudiar, en quién confiar o aprender a contar con la familia.
            Estas reflexiones son en su mayoría automáticas. Otras, sin embargo son productos de un “pararse a pensar”.
            Pero a veces, sin comerlo ni beberlo nos enfrentamos a ese momento en el que de repente te asalta una nueva necesidad que nunca antes te habías planteado. Van dándose una serie de sucesos, y te ves envuelto en un laberinto de confusión, nuevas emociones, actos involuntarios y demás procesos de descontrol de tu persona.
            Empiezas a ampliar horizontes, pero siempre con la vista fija en un mismo frente. Y todo tu afán es llegar hasta allí. Ves a lo lejos ese manto de tranquilidad, una calma que sólo te traerá felicidad.
            En ese momento, lo sabes todo y no sabes nada. Sólo tienes la certeza de que es allí dónde tú quieres estar, aunque no tengas ni la más remota idea del camino que tendrás que atravesar para llegar.
            Mantienes tu vida pendiendo de un hilo, a menudo tendremos ganas de correr para llegar cuanto antes. Sin darnos cuenta de que las cosas más hermosas de la vida llegan despacio.
            Sólo hay que tener paciencia y cuando menos lo esperes te verás descubierto en ese momento que tanto anhelabas.
           
            Recuerda… Las oportunidades están dónde tú estés.


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