“Conoces a una chica tímida y sencilla. Si le dices que es
hermosa, ella pensará que eres simpático, pero no te creerá. Sabe que esa
belleza es obra de tu contemplación. Y a veces basta con eso. Pero existe una
manera mejor de hacerlo. Le demuestras que es hermosa. Conviertes tus ojos en
espejos, tus manos en plegarias cuando la acaricias. Es difícil, muy difícil,
pero cuando ella se convence de que dices la verdad… De pronto la historia que
ella se cuenta a sí misma cambia. Se transforma. Ya no la ven hermosa. Es
hermosa, y la ven.” (El nombre del viento)
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